Es curioso, pero algo tan bello y natural como son los gestos de
seducción, resultan ser los que más dificultades tienen para
interpretarse correctamente.
Los gestos para seducir forman
parte de la misma naturaleza. Son gestos que pretenden cautivar,
fascinar, motivar o presionar psicológicamente a alguien, por lo general
en el terreno amoroso, despertando los instintos básicos sexuales y
pasionales. Pero en las sociedades donde la ética moral está acentuada,
los gestos de seducción son reprimidos, dominados o reducidos a menudo,
desde la infancia, como si una expresión tan natural, fuera un desacato
contra la integridad espiritual del ser humano, una insolencia
maleducada o una grosería. Por eso los gestos condicionantes que la
cultura provoca en los gestos de seducción, hace que se repriman tanto,
que incluso haciéndolos de forma natural parecen artificiales, dando
lugar a interpretaciones erróneas.
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